Relais Bernard Loiseau, mi segundo hogar

Por: Melanie Belin

Un hotel y un restaurante icónicos

Tiempos atrás, antes de las autopistas, Saulieu era una cita para todos los turistas buscando un camino hacia el sur de Francia y la Costa Azul. En los años 1950, se necesitaba 5 horas de carretera para llegar de París a Saulieu, lo que convirtió el poblado en una etapa imperdible. Mientras los coches recibían mantenimiento antes de seguir su camino, los viajeros se deleitaban con la excelente comida del hotel La Côte d’Or. Este establecimiento fue fundado en 1875 y conoció varios dueños antes de llegar entre las manos de la familia Loiseau. Sin embargo, lo que siempre fue constante es el reconocimiento por su alta gastronomía. En cuanto se lanzaron las estrellas Michelin reconociendo las mejores mesas en 1926, el restaurante de La Côte d’Or recibió su primera estrella. Rápidamente llegó la segunda estrella en 1931 y la tercera en 1935 que se conservaron hasta 1964, año de la salida del mítico chef Alexandre Dumaine llamado “el rey de los Chefs y el chef de los Reyes”. Fue hasta los años 1970 que el prestigio de la Côte d’Or volvió gracias al joven y talentoso chef Bernard Loiseau. Originario de Auvernia, capacitado con Troisgros y joven promesa de Claude Verger en París, su nombre quedará para siempre gravado en las paredes del ahora Relais Bernard Loiseau. En 1977 regresó una primera estrella Michelin, seguirá la segunda en 1981 y la tercera en 1991. Desde entonces se conservaron las tres estrellas. A la muerte del chef Loiseau, su heredero gastronómico, el chef Patrick Bertron, logró lo imposible: conservar el nivel de calidad y excelencia del genial Loiseau para conservar las tan buscadas estrellas.

Boundary Hotel

En el corazón de Borgoña

A unos 250 km de París, el Relais Bernard Loiseau es mucho más que una buena mesa, es un templo de buen gusto y tranquilidad. Es una escapada ideal para un fin de semana en pareja, en el corazón de Borgoña. Llegar a este hogar requiere un poco de esfuerzo ya que se encuentra en un poblado accesible únicamente en coche. La estación de tren más cercana se encuentra en Montbard, a una hora de París en tren de alta velocidad. De ahí, hay que tomar un bus o un coche por 45 minutos. El camino es espectacular y atraviesa el bosque del Morvan. Por error del GPS, maneje por la autopista desde Beaune. Aun así, disfruté de un paisaje de ensueño. Un rayo de sol iluminaba una colina para resaltar un castillo medieval que parecía de mentiras. Llegando al hotel, no pude dejar de preguntar si fue un sueño y si era real. Me confirmaron que se trataba del castillo de Chateauneuf-en-Auxois, una fortaleza militar del siglo XIV. También me comentaron que en los alrededores del hotel, existen muchos lugares igual de interesantes y sorprendentes que se pueden visitar… si es que deseamos salir del hotel.

Mi segundo hogar

Algunos preguntaran quien quisiera quedarse encerrado en un hotel cuando hay una región tan repleta de atractivos como Borgoña por descubrir. La verdad es que hasta salir de su cuarto es todo un reto. Después de manejar una hora entre Beaune y Saulieu, cruce la puerta de la entrada del Relais Bernard Loiseau y de repente sentí como me transportaba una nube. El ambiente es cálido con madera, gruesas cortinas de color vino y piedra natural de Borgoña. El personal en la recepción te da la bienvenida con una simple sonrisa, tan natural y autentica que tienes la impresión que acabas de llegar a casa. En un minuto, todo el estrés del viaje y el rush de la llegada a un nuevo lugar desaparecieron. Me deje llevar a mi cuarto, una suite con chimenea y un balcón con vista al hermoso jardín que la Sra Loiseau cuida como si fuera su propia casa y donde se ven las distinguidas rosas Dominique Loiseau, creadas especialmente para la dueña del lugar. Descansé en la sala de la habitación y disfruté cada uno de los detalles que habían dejado para mí. La canasta de nueces de castilla me recordó las noches de invierno en casa de mi abuela (también originaria de Borgoña) cuando disfrutábamos de estas deliciosas frutas secas mientras nos calentábamos al lado de la chimenea. El tiempo transcurre con tranquilidad y sin darme cuenta ya era la hora de la cena en el espectacular restaurante Bernard Loiseau de tres estrellas Michelin. La experiencia empezó desde las cocinas donde me invitaron a pasar a saludar al chef. Todo el equipo bajo el mando del Chef Bertron se preparaba para la función nocturna durante la cual iba a probar un menú gastronómico en cinco tiempos. Cada platillo era un viaje por la historia de la casa, pasando por las clásicas ancas del Chef Bernard Loiseau hasta las creaciones de temporada del Chef Bertron. Obviamente, en una región vinícola como Borgoña, no hacía falta el vino que maridaba a la perfección con cada bocado. Terminando la cena, levanté la mirada y me di cuenta que ya no quedaba nadie más en el restaurante y era hora de regresar a mi habitación. Un día y una noche fueron suficientes para enamorarme de este pedazo de Borgoña y me quedo con ganas de regresar para volver a vivir esta paz interior que sentí.